jueves, octubre 29

ESTADO PROPIO (IV)






El recuerdo. Aquellos domingos que arden en la nostalgia. El eterno caminar por las calles vecinas donde el aburrimiento es la propina, donde la civilización de la moralidad concluye en esa frase. Los muros pintados con aquellos pecados idílicos se muestran con su vestido claro, su mano en la roca crucificada y la pasión escurridiza de amores. Amores que se mutilan en el deseo, la reencarnación de un fin de mes que azorada por el chisme y la prolongación del ultimo aguacero se incrusta en la tristeza.


El querer, el yo quiero, el mismo corazón rebelado desde la tristeza y la cobardía. Las palabras que agonizan, el destello de aquel movimiento brusco. La corazonada de escribir sobre la última rebeldía incomprensible.


Yo quiero esa agonía de la muerte desprovista de cadáveres, la muerte diaria de nuestros destinos. Vivir esperando por ese recuerdo. El destierro marcado y las golondrinas que emigran desde la esquina noroeste de mi alma. Espacio mutilado, la persistente conmoción de una buenaventura leída desde la vocación familiar. La vela gris encendida en la ventana. La tarde y ese domingo que no concluye. La ruleta y el polvo. La caminata tradicional, el coro de vírgenes esperando el milagro de ese casamiento cada vez más lejano. Las suegras olvidadas y el escombro del pasado sacudiendo el presente y la preguntadera inverosímil de un desconocimiento cada vez mas cotidiano. La desesperación de la flor colocada por mis manos en el pecho vibrante. El beso escondido en la complicidad. El sexo con imitación a ternura. El noviazgo que no está planificado en la corte. La Negra, el alboroto inicial y la incitación a recorrer nuevos cuerpos, la incitación al conocimiento profundo. El ramo de flores dominical. El sexo acostumbrado con la suegra vigilando desde la cerradura. El triste colibrí que nos muestra el escondite del movimiento, el terremoto que jamás llega de la gran ciudad.


La calle Deseo, la esposa que no se abraza a ese destino. El párroco chismoso. El cisne esculpido en piedra descolorida. La complicidad de la suegra que acaricia mi espalda desde una esquina de la casa. La cena familiar. El roce de la tía con sus piernas suaves. El pedazo de cielo que cae sobre el comedor y aquellas maromas para complacer a todos los rivales. El nuevo despertar en las tardes. La nueva conquista. Las piernas de la tía buscando una pelea sexual en aquel cuarto tan prehistórico como el tiempo de su aniversario.


La familia. El silencio bastardo de todos los amaneceres. Las salidas nocturnas. El despertar sobre la piel ámbar de la Negra. Caricias, besos, orgías, el destino que se abre tan frenético como las primeras escapadas de la adolescencia. El obstinado silencio de todas las flores que se empeñan en cubrir todas las malcriadeces del poema tierno, del poema compartido por cada deseo, del poema que no tiene palabras.


La esposa. Ternura invisible, tiempo de caricias en cantos de nevada. El recuerdo de una vida dual. El destino compartido que no se quiere ver por las palabras salidas de las rivalidades. El arte de evadir aquellos comentarios. El triste negocio de morir entre el miedo y la ignorancia. La palabra empeñada para un beso por siempre. La poca condición de escupir el destino y sentir la envidia de las vírgenes que buscan el deseo, que se sientan sobre tus deseos y evitan tus manos en la claridad.


El pecado. La sucia esquina de dos calles. La pasión que se vive desde la dicha. Sobrevivir lejos de la arrogancia. Complacer los deseos sensuales de la tía que paga tus nostalgias, que se desnuda en su profecía, que te regala una virginidad tan antigua como aquellos autos que regresan al presente en las caras de las postales y qué importa, si la hermana, madre de la esposa, suegra por la voluntad. Deseo y pasión, cuentas pagadas, dinero en la billetera, pecados borrados. Felicidad. La orgía familiar que nació justo en la pereza dominical.


1 comentarios:

Silvia Maria‎ dijo...

Nunca dejas de sorprender. Grande panorama de vida describes y yo me pierdo entre cada palabra. Besitos de admiracion.

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