viernes, marzo 19

LA ESTATUA

(MI "YO" Y OTRAS HISTORIAS)




La primera vez que la vi fue un destello inolvidable, una emocionante adquisición para mi memoria. No es sencillo caminar sin rumbo y descubrir uno de esos detalles que daran forma a tu vida. El camino es lo más sencillo porque no planificamos nada, simplemente dejamos que la sensación de cosquilleo que guia al alma aumente o disminuya, según su intensidad así tomamos la calle hasta el final o doblamos por esa calle sin salida, al menos aparente, porque las salidas no siempre están en los obstacúlos o en las ocultas cavernas, una salida puede estar en ese detalle que, para muchos puede ser un objeto sin importancia, pero que al descubrirlo se convierte en un tesoro increíble.

No puedo explicar por qué se convirtió en mi lugar especial, en ese fragmento de vida que salimos a buscar cuando necesitamos ser bendecidos, cuando nos sentimos triste. Yo conozco a muchas personas que adoptan el mar, que entablan conversaciones con él, que buscan esa química implicita entre ambos para obtener en reciprocidad esa corriente de sabiduría.

Mi lugar es una extraña estatua, tres monos burlones que siempre relatan cuentos increíbles, incluso hasta tiernos poemas sacados de esos libros que relatan viajes fantásticos, experimentos de ciencia ficción y encuentros intergalácticos entre antiguas princesas y adorables criaturas indescriptibles. Ahí está, en lo más céntrico de la ciudad, sobre una base de concreto y sin una sola leyenda que explique su origen o su presencia. Para ser sincero no me interesa, prefiero inventar la llegada, crear el espacio, deletrear el misterio. Alguna vez fue la sabiduría, el tiempo de crear un gesto, una sincera melancolía que abra el camino y nos acerque en un abrazo, pero en realidad el silencio y ese velo misterioso que cubre la piel de cada uno de los monos los convierte en esa adopción consentida de mi alma.

Hacía mucho tiempo que no veía mi estatua, que no sentía ese cosquilleo misterioso que me anunciaba su presencia. Es increíble, me pueden vendar los los ojos y soltarme en cualquier parte de la ciudad y por el cosquilleo puedo caminar y caminar justo hasta la base de la estatua. Lo curioso es que estoy muy lejos de la ciudad, y pocos segundos antes de encontrar la fotografía comenzó el cosquilleo, regresó el aliento fresco que aparecia en cada visita a la estatua.

No sé si aún exista o no pero estoy seguro que aun permanece atada a mi alma, que aún me devuelve cada parte de mi alma restaurada en esa conversación sin palabras, en ese destino que me fue arrancado y que justo ahora comienza a regresar en pequeños fragmentos...

1 comentarios:

georgina miguez lima dijo...

no se si te inventas la estatua o eres la estatua pero nos haces sentir el cosquilleo y queremos llegar a ella para encontrarte en tu lugar especial, en ese fragmento de tu vida que sales a buscar cuando te sientes triste. En ese lugar esta la estatua de los tres monos sabios que tu llamas burlones pero son la sabiduria,siempre te dirijiras alli ,no importa que no este o quede alla en la antigua ciudad o sea solo la fotografia quien te la recuerde tu alma seguira atada a ella para restaurar esa conversacion sin palabras...regresaras aunque sea en pequenos fragmentos...

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