jueves, enero 28

REFLEXIONÁNDOTE.




Recuerdas aquella fuente donde nos sentábamos en las tardes a conversar sin palabras, nadie entendía por qué podíamos estar horas mirándonos a los ojos sin hablar. No era difícil, bueno al menos para nosotros que estábamos en conexión, porque es importante la conexión, o la química como le dicen por estos días. Nadie cree mucho en ella aunque todos la ponen como condición para el amor, es raro y a la vez increíble porque es la definición exacta del amor.

Casi nunca llega a la primera, por lo general aparece después de la presentación de las almas y en una conversación que comienza en la plática común y se desprende, cuando menos lo esperas en una conversación tan íntima y apasionada que hasta las velas que son encendidas en noches de amor sentirán la envidia de no estar presente, porque por lo general no lo están, porque estas conversaciones iniciales no se programan, no son como las citas donde esperas horas a la deriva sin saber por qué estamos como barcas arrumbadas.

Ahí nace la intimidad, esa conexión que abre todas las puertas, la misma que necesita del sabor de las palabras o el aderezo de una sustanciosa mirada, que no necesita de la belleza exterior para recomponer su camino. Es la perfección, son esos detalles donde necesitas no comprender la necesidad de abrazarte y escapar del mundo real, para qué quieres una continuidad si tienes la creación en tus propias manos.

Recuerdas en verdad aquellas miradas, la poesía que aún, a pesar del tiempo transcurrido, a pesar de la ausencia de tus abrazos sigue fluyendo desde el recuerdo, a nadie le interesa el sentido más si comprenden el verdadero sabor de un recuerdo, de una posibilidad al reencuentro que se siempre se abre a cada paso, porque cuando nace una conexión, cuando fluye esa cascada jamás se podrá detener. El recuerdo, ese viejo refrán donde se predice el renacimiento del fuego en las cenizas, es quizás el preludio latente a una nueva cita, un encuentro tan casual como la necesidad de abrir el alma y dejar escapar todo el amor que habita en su interior, añejado por la separación, por la poesía que lejos de ayudar en su escape nos regala el camino de regreso, la virtud de soportar la carga sin abrir las puertas en cualquier llegada.

Ahí estaremos, enredados en una nueva plática sin palabras, otorgando los permisos de una catarata de besos que ha estado fluyendo desde el silencio hasta tu alma y abrirá sus compuertas desde tu alma hasta el mismo centro de mi corazón que es donde comienza la primera gota de sabor en cada beso que llega a tu recuerdo.

1 comentarios:

georgina miguez lima dijo...

linda reflexion acerca del amor,de ese amor que se siente cuando los ojos se encuentran y sin pronunciar palabras se realiza la entrega,cuando existe una verdadera conexion de las almas,esa cascada que nadie podra detener, y entonces sentimos que es el verdadero amor,ese que esta dentro y se expresa en los detalles y en la necesidad del abrazo para escapar del mundo
Ahí estaremos, enredados en una nueva plática sin palabras, otorgando los permisos de una catarata de besos que ha estado fluyendo desde el silencio hasta tu alma .
me has conmovido,te confieso que me dio trabajo comentarlo..gracias,inspirado poeta.

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